jueves, 16 de agosto de 2007

"The Tragedy of the Commons"

Existe un artículo de Garret Hardin que leí el otro día por recomendación de un profesor. En él se plantea la situación de muchos pastores que llevan a la mayor cantidad de animales a un terreno de pastoreo comunitario para que coman la mayor cantidad de pasto durante el mayor tiempo posible. Obviamente el interés individual de cada pastor le hará aprovechar al máximo este recurso desmedidamente, hasta que el terreno colapse por la sobreexplotación. Esta situación en que la suma de conductas racionales individuales produce una tremenda irracionalidad es el quid de las ciencias sociales, la madre de los problemas del vivir en grupo. Todos los días te mueves en el enorme medio urbano pensando en tus propios problemas, siguiendo tu camino para llegar mas rápido y mejor a donde quieres. Nos mantenemos en la línea que nos lleva la realización personal, objetivo prioritario del homo sapiens actual.

Pero la paradoja no se refiere solamente aun tema de la administración de los recursos, la organización del espacio colectivo o las maneras como piensa, decide y actúa la masa de personas; lo penca viene cuando ves que se aplica a tu entorno cercano. Cuando cada uno va por su lado, y el lugar que era para escapar del egoísmo externo se transforma en otro problema. Suspiras antes abrir la puerta sabiendo la monotónica conversación, los mil y un “favores” que necesitan de ti (pues tu les debes) y las peleas estúpidas que la menopausia provoca en tu santa madre. Llega un punto en que los objetivos son muy distintos y ya no es tu espacio, estas invadido y alejado del sentido común de convivencia. “Tengo que irme”, pienso. No tengo cómo, pero se que aparecerá el momento en que ese argumento no bastará y arremeteré con estupidez.

La tragedia de los comunes es que no se puede hacer lo que quieres. “No vives solo en este mundo” me dicen continuamente. No creo que ellos estén tan despabilados como para resfregármelo por la cara. A Hardin le gustaba la idea del Estado Leviatán que nos organizaba a todos bien, felices y sonrientes. Tampoco me convencen... ¡yo quiero ser un Dios!

4 comentarios:

Fran dijo...

Una frase muy cliché: la libertad empieza donde termina la del otro. A todos nos gustaría ser dioses, pero al igual que en el ejemplo del ganado; al final terminaríamos todos sobreexplotando todo.
Lamentablemente hoy en día nos toca vivir en plena tragedia, donde nadie puede hacer siempre lo que quiere y cada cosa que diga o haga, afectará a otras personas en mayor o menor grado. Pero acuérdate de Proust, y cito al tío suicida de Little Miss Sunshine: "los mejores años de la vida son los de sufrimiento". ¿No es ese sufrimiento al tener que adaptarse a todo y todos quienes nos rodean lo que al final termina por hacernos mejores personas, al darnos cuenta de lo que nos molesta, lo que nos desagrada, y no transformarnos en eso?
La vida es dura, pero creo que si fuéramos dioses sería todo más aburrido. A veces viene bien sufrir un poco; así se disfrutan más después los momentos de libertad. Tengo un ejemplo de eso, pero no lo voy a nombrar aquí :P

Ya! Me fuí en volá. Pero tuve la suerte de toparme con tu artículo cuando tenía que deshacer más de una hora que faltaba para que empezara mi próxima clase (hurra por los auxiliares que les da paja hacer clases tan largas).

Creo que este post vale x 1000 :P
Te Amo!
Hoy nos veremos, no puedo esperar :)

Fran dijo...

Ah, y otra cosita. El artículo es bastante triste; la triste realidad. Yo quería tener much@s mini Franis corriendo por ahí :(

Héctor dijo...

Jajaja, si.

Pero quiero ser el único Dios jajajaja.

Si, es cierto que la adversidad nos hace mejor, pero igual estoy chato y me está entorpeciendo mas que ayudarme. De todas formas entiendo el ejemplo que no nombraste y oncuerdo completamente ^^!!!

Nos vemos mas tar!

POSTEEN

Corchetera dijo...

Yo no quiero ser Dios
no estoy ni ahí
que adolescente el comentario
jajajaja
no, pero de verdad, hay que respetar, la ley básica, es muy simple
imagiante todos nos preocuparamos por los problemas de todos
dos opciones
un mundo feliz
o el auto suicidio en cuotas